NATURALIA 1


 
 

CUADERNO DE VIAJE

 

Naturalia:

   * El Valle de Huebro.  

Localización y entorno:

   * Sierra Alhamilla.  

Distancia:

   * Níjar - Huebro: 6 kilómetros.  

Época recomendada:

   * Invierno o primavera.  

Abastecimientos en ruta:

   * Sólo es posíble el abastecimiento al comienzo de la ruta, en la Villa de Níjar.  

Alojamientos:

   * Hostales y pensiones en Níjar. En el trayecto, algunas casas rurales.  

Comentarios y fotografías:

   * Antonio Soriano García.  
     

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   Esta ruta que os propongo hoy, queda enmarcada en su totalidad en la solana de Sierra Alhamilla, una sierra al norte de la ciudad de Almería, que apenas sobrepasa los 1.300 mts. en su cota máxima y que está enclavada en el extremo mas oriental de la Cordillera Bética; es además, la última y mas reciente formación geológica de dicha cordillera.

     Desde el punto de vista ecológico, Sierra Alhamilla, es considerada por todos como una auténtica isla verde, rodeada por un yermo y árido desierto en el norte y por una comarca muy degenerada, por la tropelía de la agricultura intensiva, en el sur.

    Geológicamente, Sierra Alhamilla es una variopinta mezcolanza de calizas, dolomías y filitas de múltiples y variadas tonalidades cromáticas, que dan lugar a que en algunos de sus mas bellos rincones, se originen una pluralidad de formas y colores sumamente caprichosos.

   Su población mas populosa es la Villa de Níjar, y es en Níjar donde comenzaré mi ruta, remontando un pequeño aunque fértil valle que me conducirá en apenas seis kilómetros a la pedanía de Huebro.

  Su plaza principal, será el punto de inicio de mi excursión a través del valle.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 Níjar es la puerta abierta al Valle de Huebro

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La Glorieta, punto de partida de nuestra excursión

       
 
 
 

   La Glorieta ó Plaza del Ayuntamiento de Níjar, es una pequeña recopilación de todo lo que podremos encontrar dentro de esta población. Su iglesia, consagrada a Santa María de la Anunciación, fue construida junto con la de Huebro a mediados del siglo XVI y luce en su interior un valioso artesonado mudéjar. En su fachada, se distingue aunque muy deteriorado por el paso del tiempo, el escudo imperial de Carlos I.

   Frente a ella, el Ayuntamiento se alza como una sobria edificación integrada con el blanquísimo encalamiento del resto de la villa. En los alrededores de su plaza, que tiene forma rectangular, podremos descubrir algunas tiendas familiares dedicadas a la venta de la jarapa y la alfarería, auténticas señas de identidad de Níjar. El conjunto de la plaza, se completa con algunos bares, donde poder saborear las tapas típicas de la zona.

   Dejo atrás la plaza, y enseguida me topo con un panel informativo, que me indica la dirección por donde he de subir a Huebro. La carretera comienza en una angosta calle de casitas bajas muy blancas y limpias.

   Cuentan por aquí, que a comienzos del siglo pasado, el médico de Níjar, Don Miguel García Algarra, persona extremadamente celosa de la limpieza y la pulcritud, hacía encalar las casas con tal frecuencia, que sus calles iban quedando cada vez algo mas estrechas. Y esa es la sensación que siento al salir de Níjar. ¡Ole, por mi abuelo!

   Cuando abandono Níjar, la percepción de estrechez de sus calles, se me trueca por el desahogo que dan unos pequeños cortijos también blancos que jalonan aisladamente el comienzo del valle.

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

Aspecto general de Níjar, reflejado en un mosaico

 
 
 
 

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
       

Piteras y chumberas decorarán el resto de la ruta

 
 
 
 

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

Espléndida vista del Valle, desde el Mirador

 
 
 
 

   En efecto, apenas he recorrido mi primer kilómetro, cuando observo que las casas que se apiñaban sobre la carretera, han dejado paso a un incesante goteo de pequeños y bien cuidados cortijos; a mano izquierda y en mitad del valle, uno de ellos se me brinda como un encantador hotel rural plagado de chumberas, pitas, cactus y alguna que otra maceta con especies autóctonas. Se trata del "Cortijo La Alberca", una vieja casa de labor, de unos 250 años de antigüedad, que con sus almacenes de aperos, palomar, secadero y pajar; sus actuales propietarios, Resu y Johannes, han convertido con mucho mimo y buen gusto, en un pequeño hotel con encanto de 8 habitaciones. Se trata sin duda alguna de una amalgama arquitectónica inspirada en el espíritu de Al Andalus.

   En el segundo de los kilómetros y apenas oculto por una cerrada curva, aparece un pequeño cerro con una cruz de hierro clavada, la cruz marca el punto exacto de un mirador que nos va a servir como oteadero para divisar casi todo el valle. Es uno de esos momentos que aprovecho para disfrutar de algún tentempié que llevaba en mi mochila

   Tras un breve descanso, continúo la ascensión por la sinuosa carretera y llego a un cortijo abandonado que se rodea de almendros y piteras; este cortijo, es el que marca exactamente la mitad del recorrido. Punto desde el cuál, ya diviso Huebro y el comienzo de la "Ribera de los Molinos".

 
   
   
   
   
   
   
 

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

   El sistema hidráulico de Huebro, fue organizado en abancalamientos incrustados en las terrazas junto al cauce principal, para que la poca fuerza que traía el agua, moliese el grano traído desde los campos de Níjar. Mas tarde, la posterior introducción de los molinos de viento en la costa; motivó el cierre de la mayor parte de ellos, aunque todavía unos pocos han permanecido activos hasta hace escasas décadas.

   Huebro es pues, una reliquia de ingeniería hidráulica que supuso, no sólo un alarde de la tecnología tradicional, sino que nos habla también de un depurado sistema de organización social heredado de los musulmanes y con anterioridad de la época romana.

 
 

"Cortijo La Alberca"

 
 
 
 

 
 
   
   
   
   
 
 
 

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

Aspecto presentado por una casa rural cerca de Huebro

 
 
 
 

   Aunque queda claro que los tiempos han cambiado, y a pesar de que los molinos fueron ya abandonados, el sistema de acequias aún permanece vivo, y se continúan regando bancales y huertos de casas rurales, como los jardines de los "Cortijos Manzano", unas casitas rurales muy cercanas a Huebro. Puedo asegurar que el entorno de Huebro continúa hoy como antaño, domesticando los cursos del agua.

 
   
   
   
   
 

Iglesia parroquial de Huebro

 
 
 
 

   Mi excursión, va tocando a su fin; sin apenas darme cuenta y en un par de horas, incluyendo las paradas, estoy plantado en la Plaza de Huebro.

   Quién se piense que una banda de música va a salir a recibirle, está muy, pero que muy equivocado. Es mas, es posíble que durante el tiempo que pasemos allí, no nos crucemos con paisano alguno.

   La iglesia, me resulta tan enorme, que me hace pensar que todos los habitantes de Huebro, entrarían con holgura dentro del recinto. Eso sí, si lo que habéis venido a buscar es tranquilidad, ni se os ocurra venir en época de romerías. Son multitudinarias.

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

Desde el cementerio, este es el aspecto de Huebro

 
 
 
 

   Una vez en Huebro, lo que mas apetece es, sentarse en un poyo blanqueado y sombreado por un inmenso olmo que agita sus hojas proporcionando una agradable sensación de bienestar.

   Bajo su fresca sombra, tan sólo escucho el chapoteo que hacen al zambullirse un par de zagales que se bañan en la balsa y el desgarrado canto de un gallo en un cercano gallinero.

   En la pared de la casa parroquial, veo como los vecinos quisieron homenajear al sacerdote que allá por los años 50, debió dejar aquí, una bonita huella: D. Rafael López Lupiáñez.

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

Plaza de la Iglesia

 
 
 
 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
   

 Durante el recorrido, existen diversos paneles informativos

 
 

Esta balsa es el origen de La Ribera de Los Molinos

   
 
 
 
 

    Algo mas abajo, camino hacia la balsa y escrito sobre una roca, puedo leer aunque no sin dificultad: "En un eminente lugar delicioso al pié del ingente penacho rocoso, Huebro con su rica fuente y su Virgen del Rosario, y excelente clima, es santuario y sanatorio del creyente y del enfermo". Lo mas llamativo de este rótulo es que una mitad, está escrito al derecho y la otra, enigmáticamente al revés.

     Sin quererlo, me doy cuenta de que es hora ya de retomar el camino de vuelta y regresar. Pero no deseo hacerlo sin antes, volver a inhalar una y otra vez, los aromas de Huebro. De la experiencia del día, algo me queda seguro, y es que, mas temprano que tarde, volveré por aquí.

 
   
   
   
   
   

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